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Leer a Camus: Calígula.

Siempre he pensado que Camus tiene una escritura muy vasta y profunda. Es un escritor del corazón. Pero su mano escribiente me atraviesa más cuando se trata de sus obras más breves, aunque, a decir verdad, todo ha sido breve en él, hasta su vida (como la vida de todos). Calígula es una obra de teatro que retrata a un hombre que ha borrado la linea delgada entre la imaginación y lo real a través del poder. Cuando el poder absorbe el yo y lo proyecta sobre el otro, después de aniquilada la otredad, nada le ha quedado, solo la irremediable locura. No hay transformación, no hay dolor ante los otros. 

Parque Sagrado Corazón, primera sesión de lectura de Calígula. Dirige Rogelio Mendoza, acompaña el director del semillero ES MUSS SEIN, Arturo Cardozo y Athina Guatecique, integrante del semillero, polítologa y filósofa.

Cuando el Semillero de Investigación ES MUSS SEIN (del cual soy integrante) se propuso a idear una actividad de lectura al parque (en cabeza de la politóloga y filósofa Athina Guatecique), yo no dudé en proponer Calígula de Albert Camus. Ante la propuesta, nadie retrocedió y como resultado tuve que dirigir el encuentro. La primera sesión gustó mucho, sobre todo por el valor de la obra en relación a la crítica contra las formas opresoras de gobernar. También agradó las formas plásticas que tenía la obra y cómo, en Cuba, un director hizo una crítica adicional al travestir (o transvestir) a los personajes: los personajes que eran hombres, serían interpretados por mujeres y los personajes mujeres serían interpretados por hombres. Es un juego interesante, crítico. Lo cual añade un componente más a la idea de que el texto que se está leyendo es de una plasticidad que quizá otros formatos como la novela o el cuento no pueden replicar con facilidad.

En la segunda sesión, se encontró un ritmo. La lectura fue fluida, incluso, con el impulso necesario de la presencia del director del Semillero, Arturo Cardozo, se conocieron talentos en la sesión. Uno de los integrantes ofreció su voz para personalizar el carácter de Calígula, un amigo invitado (Antoly) pintó para todos nosotros un cuadro sobre la obra, una compañera hizo un acto performático que incluyó cabriolas, cadenas y fuego. Y para sorpresa grata de todos, terminamos la obra con un suspiro.

Cuando uno termina de leer esta obra y Caligula profiere por última vez "todavía estoy vivo", mientras es apuñalado por todos los que lo rodean, uno sabe que ha terminado algo, pero un gesto brutal, ese "todavía estoy vivo", se instala en la memoria. Vaya a saber qué habrá quedado vivo en la mente de cada uno, qué de travesuras, de violencia, de Caligula está vivo en uno, todavía.

Para no caer en dramatismos, quiero compartir las palabras de Albert Camus sobre la obra:



Calígula, hasta entonces príncipe relativamente amable, se da cuenta cuando muere Drusila, su hermana y su amante, de que "los hombres mueren y [...] no son felices". Desde entonces, obsesionado con la búsqueda de lo absoluto, envenenado de desprecio y horror, intenta ejercer, a través del asesinato y la perversión sistemática de todos los valores, una libertad que finalmente descubre que no es buena. Rechaza la amistad y el amor, la solidaridad humana sencilla, el bien y el mal. Toma la palabra los que le rodean, les empuja hacia la lógica, nivela todo lo que está a su alrededor por la fuerza de su negativa y por la 
furia de la destrucción que conduce su pasión por la vida. Pero, suponiendo que la verdad sea rebelarse contra el destino, su error consiste en negar a los hombres. No se puede destruir todo sin destruirse a sí mismo. Por eso Calígula desaloja a todos los que le rodean y, fiel a su lógica, hace lo necesario para armar a aquellos que finalmente lo asesinarán. Calígula es la historia de un suicidio superior. Es la historia del más humano y más trágico de los errores. Infiel a los seres humanos debido a la excesiva lealtad a uno mismo, Calígula consiente en morir después de darse cuenta de que no se puede salvar solo y que nadie puede ser libre si es en contra de otros.