Educación y vida: una concepción de José Martí sobre la educación de América Latina.
El pensamiento intelectual de José Martí es ampliamente conocido por su influencia en la lucha por la independencia de Cuba. Sin embargo, sus ideas trascienden esta lucha, ya que Martí también es reconocido por su profundo compromiso con la filosofía. Aquí, Martí se adscribe como un filósofo, en la manera en que Sartre definió en “La conferencia de Araraquara”, en Brasil, a esta figura:
los que yo llamo filósofos son simplemente los hombres que tienen la oportunidad y el honor de ser en un momento dado la expresión de una sociedad que se conoce a sí misma en su profundidad, que se conoce ya sea bajo una forma mística, o bajo una forma directa. (Sartre, 1987).
De esta manera, cuando el pensamiento de un autor se corresponde con las exigencias históricas, el progreso social y la técnica, se presenta como autentico y trascendente (Guadarrama, 1997). A lo largo de su vida, el pensador cubano articuló una visión filosófica que enfatizaba la interdependencia de la educación y la libertad como elementos esenciales en la construcción de una América Latina consciente de su identidad y comprometida con la justicia social. Al respecto, afirma Portuondo (1953): “Una de las direcciones más vigorosas del pensamiento de Martí es la que se abre paso en los problemas de la educación”. No obstante, Escribano (1997) en su tesis doctoral, observa que la labor práctica y las ideas pedagógicas de Martí no son hoy “suficientemente conocidas y tratadas con la significación que tuvo su magisterio, desde el punto de vista teórico y práctico para la historia de la educación en el continente”.
Siguiendo a Escribano (1997), para comprender la importancia de las ideas martianas sobre la educación, es necesario ubicar la época en que se desenvolvieron. Además, Rodríguez (1988) precisa que este análisis no solo debe ir de acuerdo con el contenido de los problemas sociopolíticos de la época, sino también en relación con “el intenso proceso espiritual e ideológico que tiene lugar en todo el subcontinente latinoamericano en su época”.
Escribano (1997) advierte que la complejidad del estudio de la obra de Martí radica es su vasta obra repartida a través de “cartas, apuntes, discursos, u otros artículos que no aparecen clasificados bajo el rótulo signatario de educación en lo particular”. Lo que sugiere Escribano (1997) es que el análisis de estas obras nos ofrece la concepción de la educación de Martí, y señala además, que para el filósofo cubano sus escritos dispersos son parte de su “crítica fundacional” en la medida en que Vitier (1994) define la crítica para Martí como un sentido constructivo, creativo y edificante (pp. 54-59). Idea que Martí refuerza cuando en Carta a Bartolomé de Mitre y Vedia (1985), dice que sus escritos no fueron sino un “ejercicio del criterio”.
En el umbral de su muerte, en el año 1895, José Martí, quien se encontraba en el campamento de Dos Ríos, escribió una carta a su entrañable amigo mexicano Manuel Mercado que resume su compromiso con la causa de Cuba y la América Latina:
ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo- de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso". (Martí, 1963).
Este fragmento encierra el propósito central de su vida, un hilo conductor que se despliega en sus pensamientos y acciones. José Martí, a lo largo de su vida y a través de su obra, encarnó un profundo amor por la patria y un compromiso ejemplar con el destino de las naciones latinoamericanas. Su pensamiento evolucionó a medida que reflejaba las condiciones y exigencias de su época, transitando desde el anticolonialismo hacia el antimperialismo como uno de sus rasgos fundamentales. Martí es un exponente del humanismo práctico y su pensamiento se caracteriza por su carácter democrático revolucionario. La autonomía, la creatividad y la originalidad son rasgos distintivos que expresan su pensamiento en todas sus facetas. Así lo expresa Reinerio (1996):
Existió un esfuerzo consciente en Martí por mantener la independencia de su pensamiento. Se pudiera concluir, por lo tanto, que Martí no es hombre de escuela ni de dogmas, sino hombre de ideas (...) Su pensamiento pudiera calificarse de abierto, integrador y dialéctico, sin que se le pueda poner etiqueta ni filiación a ninguna doctrina. (Reinerio, 1996).
En la misma obra de Martí (1963) se encuentra la concepción de un intelectual de carácter original y autónomo que no se ceñía a escuelas o corrientes: “Yo nací de mí mismo, y de mí mismo brotó a mis ojos, que lo calentaban como soles, el árbol del mundo”. Por otro lado, su carácter crítico y áspero, proyectaba creatividad y estimulaba a la autonomía:
Unos son segundones, y meras criaturas de empacho de libros, y si les quitan de acá el Spencer y de allá el Ribot, y por aquí el Gibbons y por allí el Tucídides, se quedarían como el maniquí, sin piernas ni brazos. Otros leen por saber, pero traen la marca propia donde el maestro, como sobre la luz, no osa poner la mano. Y artesanos o príncipes, esos son los creadores. (Martí, 1963).
Martí es, además, un heredero del humanismo y de la filosofía americana. En sus reflexiones sobre Ralph Waldo Emerson dice que el pensador americano “no obedeció a ningún sistema, lo que le parecía acto de ciego y de siervo (...) Se sumergió en la naturaleza, y surgió de ella radiante (...) Dijo lo que vio y donde no pudo ver, no dijo” (Martí, 1963). Y es posible afirmar que estas reflexiones sobre Emerson suponen también las suyas, pues, Martí en una carta a José María Vargas Vila afirmó: “no se suponen en los demás sino las virtudes que se llevan en sí”.
Lo que Toledo (1996) sugiere es que analizar sus poemas también nos da un “recuento autobiográfico”. En el poemario Versos sencillo (1891), Martí escribe los siguientes versos: “Yo vengo de todas partes/ Y hacia todas partes voy/ Arte soy entre las artes/ En los montes, monte soy” (Martí, 1985). Y luego: “Yo sé de Egipto y Nigricia/ Y de Persia y Xenofonte/ Y prefiero la caricia/ Del aire fresco del monte/ Yo sé de las historias viejas/ Del hombre y sus rencillas/ Y prefiero las abejas/ Volando en las campanillas” (Ibidem).
La interpretación de los anteriores versos sugiere que Martí prefería nutrirse de las enseñanzas de la naturaleza como fuente de conocimiento, localizando en su pensamiento una sensibilidad a lo natural. Para Martí, la naturaleza abarca la totalidad de lo real, la asume con creatividad y armonía, asumiendo a su vez al ser humano en su condición de sujeto y objeto y su relación dialéctica de este con el entorno. A propósito describe Martí (1985): “Acerquémonos a la gran Madre; abramos el gran libro, cuyas páginas han escrito los siglos, cuyos actos y hechos son océanos, cuyo conocimiento augusto se pierde en lo intangible e invisible” (Martí, 1985).
Estos aspectos mencionados del pensamiento de José Martí imprimen un sello particular a su concepción sobre la educación, reflejan la dirección del proceso de formación a través de la naturaleza apelando a la sensibilidad y a la apertura y señalan el camino de la evolución de su vasto pensamiento y en su acción teórica y práctica.
Para Martí la educación es la que abre el camino para que los seres humanos desarrollen todas sus posibilidades, por ello se opuso a las instituciones y definiciones que limitaban su concepción y su desarrollo. A propósito de las universidades escribió un artículo:
Las universidades y latines han puesto a los hombres de manera que ya no se conocen; en vez de echarse unos en brazos de los otros, atraídos por lo esencial y eterno, se apartan, piropeándose como placeras, por diferencias de mero accidente; como el budín sobre la budinera, el hombre queda amoldado sobre el libro o maestro enérgico con que le puso en contacto el azar o la moda de su tiempo; las escuelas filosóficas, religiosas o literarias, encogullan a los hombres como al lacayo la librea; los hombres se dejan marcar, como los caballos y los toros, y van por el mundo ostentando su hierro. (Martí, 1963).
Y con el mismo empeño emprendió una critica fuerte contra las pedagogías que se impartían en América Latina del siglo XX, que se enfrascaban en la práctica de la enseñanza como algo rutinario y esquemático, lejos de la dialéctica originaria y creativa que demanda la actividad humana tal y como lo concibe Martí en sus versos. Escribano (1997) afirma que las pedagogías que conocía el pensador cubano destacaban por su “teoricismo en demasía, el dogma, el divorcio con la práctica y la propia vida con sus necesidades apremiantes”. Por esto, con justa razón Martí afirmaba:
Ahora, cuando los hombres nacen, están en pie junto a su cuna, con grandes y fuertes vendas preparadas en las manos, todas las filosofías, las religiones, los sistemas políticos. Y lo atan, y lo enfajan – y el hombre es ya, por toda su vida en la tierra un caballo embridado. (Martí, 1963).
La oposición de Martí a brindar conceptos que “ponen vendas” o “enfajan” radica en que las concepciones pedagógicas imponen cómo ha de ser la vida. Y de lo que se trata es de lo contrario, es la vida quien ordena los conceptos y las practicas. Esta es una concepción pedagógica vitalista que protege la vida. Por ello dirá que educar es “preparar al hombre para la vida” (Martí, 1963).
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS.
1. Escribano Hervis, E. La concepción de la educación en la obra de José Martí (Tesis de doctorado). Instituto Superior Pedagógico "Juan Marinello", Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, Facultad de Educación Primaria, Departamento de Fundamentos de la Actividad Pedagógica. Matanzas.
2. Guadarrama González, P. Humanismo y autenticidad en el pensamiento latinoamericano. Ed. UNED.
3. Portuondo, F. José Martí. Educación. Ed. Oficina del Historiador de la Ciudad.
4. Rodríguez Ugidos, Z. (1988). Obras. Ed. Ciencias Sociales.
5. Martí, J. (1963). Educación. En Obras Completas (Vol. V y VIII). Editorial Nacional de Cuba.
6. Vitier, C. Martí: el heredero, el agonista, el guía. En Educación, (82), 54.
7. Martí, J. Carta a Bartolomé de Mitre y Vedia. En Poesía Completa (T. IX). Edit. Letras Cubanas.
8. Arce, R. Religión: poesía del mundo venidero: implicaciones teológicas en la obra de José Martí. Ediciones CIAI.
9. Toledo Sande, L. Cesto de llamas: biografía de José Martí. Ed. Ciencias Sociales.
10. Martí, J. Poesía Completa (T. 1). Edición crítica. Notas del Centro de Estudios Martianos. Edit. Letras Cubanas.
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